Es un prejuicio pensar que la literatura infantil es una literatura menor: Norma Muñoz Ledo

Por: Elisa Garza




La obra de Norma Muñoz Ledo es un regalo de la cotidiana existencia en forma de libro, esa que las y los jóvenes lectores pareciera que no miran y que está presente con todo detalle en sus palabras, juegos y silencios.


Escribir para el público más inteligente, forma en la que la autora de Peligro de suerte, Los cazadores del Big Bang, Supernaturalia y Bestiario de seres fantásticos mexicanos, llama a sus lectoras y lectores es una tarea que realiza sin menoscabo de igualdad y realizada con la minucia del orfebre, quien con la tinta hace visible a una infancia y juventud empoderada y admirable.


En esta plática con Norma Muñoz Ledo se detona el hallazgo de la realidad a través de quien es capaz de incorporar la profundidad del ser humano desde su esencia. Ella, magistralmente, presta sus palabras para hacerlo presente en temas tan fundamentales y trascendentes como: la “literatura mayor”, la que desde las jóvenes audiencias es capaz de tender puentes para todos; la transmedia como un abordaje sensorial a la placentera experiencia de la lectura; la reinvención de nuestro ser por medio de las historias que en muchos casos son la voz en primera persona de las mujeres; y la aventura de apasionarse por la literatura desde un compromiso con la vida.



¿Qué significa para ti la literatura?

Hace poco estaba recordando una presentación de alguno de mis primeros libros, en la que un niño me preguntó: “¿por qué escribes, por qué te gusta escribir o por qué quieres decir lo que piensas?”. El niño tenía unos 10 años y su pregunta se me hizo curiosa, complicada, compleja. Le respondí: “porque me gusta escribir y puedo decir lo que quiero”. Pero no lo convencí porque insistió: “¿pero qué te gusta más, escribir o decir lo que piensas?”. En ese momento le dije que escribir, pero es una pregunta que me ha perseguido por muchos años. Sí estoy segura que mi primera respuesta es escribir por que me gusta y puedo decir lo que pienso, pero con el tiempo te vuelves más observadora de la realidad. Eso es lo que finalmente hace un escritor, una escritora: observar la realidad, conmoverse por lo que está pasando y escribir historias. Este es un momento particularmente difícil en el país y la humanidad, y hay muchos sucesos que pueden ser detonadores de historias.




Al momento de escribir, ¿piensas en la interpretación que puedan hacer los lectores de tus palabras?

Las y los lectores perciben a través de su experiencia de vida. Cada quien lleva el libro, y lo que está en él despierta en cada quien pensamientos y sentimientos distintos. A algunas personas les llega más un tema, a otras personas otro. Cuando platicas con un grupo de niños, niñas, jóvenes, te das cuenta que sus respuestas sobre un texto pueden ser muy distintas, hay muchos niveles de lectura, y eso es muy rico, es muy interesante.


¿Cómo consideras que la autora o autor podría incorporar esta conversación que se genera con las y los lectores? Por ejemplo, en tu caso que tienes estos espacios de diálogo con las niñas y niños que son tus lectores, ¿cómo se podría incorporar la mirada de la lectora o lector cuando la obra que entregaste se reinventa a partir de estos?

Eso es muy interesante y llega a pasar cuando hay una retroalimentación, la cual puede ser directa con los grupos o a través de las redes sociales. Me escriben muchas personas, especialmente por Facebook, y me hacen comentarios de todo tipo: sencillos, incisivos, complejos. Había un chico que vivía en Tijuana que me escribió hace tres años: “hay tantos temas que tenemos ahorita los jóvenes, el alcoholismo, la vida sexual, la autolesión, y queremos que los libros nos hablen de eso”. Se me quedaron muy grabadas sus palabras. Esa retroalimentación, esa comunicación directa que existe es muy enriquecedora y, al mismo tiempo, alimenta las posibilidades de otros libros.



¿Hay algún texto que se haya generado a partir de esta comunicación?

Parte de lo que me platicó aparece en Los Cazadores del Big Bang. Esta cuestión de la soledad que viven muchos jóvenes por varias razones se ve reflejada en la protagonista de la historia que se llama Fifi. Ella se queda muy sola en la vida y apenas tiene 16 años, una edad en la que no puedes tomar decisiones porque no eres independiente todavía. Pero está sola y esa soledad fue un tema muy recurrente en las conversaciones.


En los textos literarios, especialmente en la literatura infantil, existe una categorización, incluso hay editoriales que colocan y clasifican a los textos por rangos de edad. Me llama mucho la atención esta categorización porque pudiera fomentar que ciertas lectoras y lectores les rehúyan a los textos, especialmente las y los adultos. ¿Cómo generar un puente que comunique al adulto con el texto infantil?

Es un prejuicio pensar que la literatura infantil es una literatura menor. Hay un sentido peyorativo al decir que es infantil, que es menor. Ocurre en todos los niveles, no solamente con las mamás y papás, también en la crítica hay un desprecio por la literatura que se llama infantil y juvenil. Es cuestión de ir poco a poco tirando estas barreras, estos prejuicios, porque la buena literatura que se escribe para niñas, niños y jóvenes es una literatura y punto, la puede leer y disfrutar cualquiera. Peligro de suerte ha tenido muchas lectoras y lectores mayores de edad que me han escrito por redes sociales, les pareció muy interesante que se abordara el tema de Ayotzinapa. Ese libro ganó los Latino Book Awards como mejor novela, no novela juvenil, no novela infantil, sino como mejor novela. El jurado consideró que era una buena novela y ya, lo cual me dio mucho gusto. Esto que hacen las editoriales de dividir las colecciones por colores y por edades lo hacen para facilitarles el trabajo a las profesoras y profesores. Como las editoriales tienen mucha circulación de los libros en las escuelas, hacen clasificaciones para los grados escolares: primero y segundo pueden leer estos, secundaria puede leer aquellos. Por otro lado, es importante que los profesores y profesoras lean más y compartan más la lectura con las y los estudiantes.



¿Cómo observas a las campañas de promoción a la lectura, están alcanzando su objetivo?

En la medida en que acerques los libros a las y los lectores estás haciendo un trabajo de promoción. Sin embargo, para ver resultados tienes que ser muy constante, hacer un seguimiento y evaluación. Los hábitos se hacen en la primaria, ahí es cuando tienen que descubrir una constancia, una presencia, y siempre desde un punto de vista lúdico en donde se permita el disfrute del libro. Eso es muy importante porque muchas veces el fomento a la lectura se cruza con cuestiones didácticas y a las niñas y niños les piden hacer campos semánticos sobre su lectura, lo cual da flojera y termina alejándolos de los libros. En alguna ocasión, platicando con docentes, les pregunté: “¿cuál es su obra de teatro favorita, su película o pintura favorita?”. Cada quien hizo referencia a diferentes obras y volví a preguntar: “¿se preguntaron qué mensaje les había dejado?”. En ese momento se dieron cuenta que siempre se habían acercado a la literatura por una experiencia didáctica y no por gusto o goce. Para que las niñas, niños y jóvenes se acerquen a los libros, es necesario fomentar el disfrute de los libros como una experiencia lírica y estética, y bueno, lo ideal sería que hubiera un seguimiento, que fuera constante, pero entiendo que la mayoría de las maestras y maestros no tienen el tiempo necesario para abarcar sus contenidos.



¿Consideras que los nuevos formatos digitales nos permiten experimentar la reacción sensorial que deriva de la lectura?

Sí, creo que este es un camino muy interesante que se está abriendo y que se llama transmedia: tiene posibilidades infinitas porque finalmente tampoco puedes excluir a las niñas, niños y jóvenes de los medios electrónicos. Hay muchas posibilidades que se están abriendo, por ejemplo: la realidad aumentada dentro de las nuevas formas de narrar. Hay que subirnos al barco porque no sabemos si en un futuro van a seguir existiendo los libros, pero la necesidad de contar historias siempre va a estar ahí. Es una necesidad humana. Entonces, lo importante es contar historias.



Y sobre tus historias: ¿quiénes somos dentro de ellas? Porque a mí me ha tocado verme en varias páginas.

Lo que veo es que me he vuelto como una cazadora de personajes y en muchas situaciones sociales me pongo a observar a las personas en otros términos, ya como personajes. A mí me gusta crear personajes que estén muy vivos, que sean realmente personas, que puedas encontrar en la vida cotidiana. Es una cosa a la que le dedico mucho tiempo y, pues, para qué te digo que no si sí.



¿Cómo vamos en nuestro país, estamos creciendo en la posibilidad de que el pensamiento crítico se dialogue a partir de las historias que se están generando, o todavía hay mucho qué hacer en este aspecto?

Las dos cosas: se está creciendo, creo que hay muchas y muchos autores y cineastas que nos dimos cuenta de la necesidad de estar, de acompañar realmente a los lectores y a las lectoras, en edades complicadas, adolescencia e infancia, porque ya en estos tiempos nadie puede decir que está a salvo. Esta idea de acompañarlos a través de los libros sí es algo que ya todos tenemos, pero es trascendental que haya una nueva generación de escritores y escritoras que persistan en el acto de escribir. Se necesita voluntad para seguir en este trabajo y eso es muy importante en las nuevas generaciones.


¿Y cómo construimos esas generaciones de escritores y escritoras de literatura infantil?

Los talleres en todo el país son una de las mejores formas de desarrollar nuevas autoras y autores, porque ahí es donde sueltas la pluma. Hay que dar más becas, apoyos estatales y federales enfocados en la creación de literatura infantil. Cada generación tiene perspectivas nuevas, tiene ideas nuevas, y eso es importante, pero siento que hace falta más apoyo. También sería una buena opción que las universidades no dejen solamente los aprendizajes sobre escritura en carreras como letras y comunicación, tiene que haber más posibilidades de acercarse a la literatura.



Necesitamos dialogar como mujeres en la literatura infantil y juvenil.

Sí, es muy importante porque somos mujeres y aunque nuestra voz está alzándose y cada vez se nos escucha más, todavía falta llegar al punto en donde podamos decir: “existe una verdadera igualdad”. Hace unos tres años fui tutora de jóvenes creadores en categoría de novela. Cuando eres tutora tú también eres de los que escogen los proyectos, y me llamó mucho la atención que un 70 % de los proyectos fueran de hombres y un 30 % de los proyectos fueran de mujeres. Me llamó la atención y lo comenté con colegas. ¿Por qué las mujeres no se avientan?, ¿por qué no hay una educación en la que se le diga a las niñas: "tú también puedes"? La motivación y el estímulo son dos aspectos bien importantes en el ámbito de la literatura. Yo trato de usar mis historias en ese sentido: todas mis protagonistas son niñas o mujeres, es importante saber que tenemos un lugar, una voz y la podemos usar.