Reimaginar la migración a través del cine mexicano contemporáneo


Por: Manuel Antonio Pérez Tejada Domínguez

Profesor Asociado del Departamento de Ciencias de la Información Preparación: Doctor en Estudios de Cine y Medios por la Universidad de Kansas, EUA.




En la era Trump, con la tenacidad de las políticas migratorias y las trágicas consecuencias de los discursos de odio en los Estados Unidos, los imaginarios sobre la experiencia del migrante inevitablemente adquieren nuevas narrativas, alimentadas principalmente por los contenidos mediáticos. Por esa razón, la cinematografía nacional cobra importancia en la construcción de estos imaginarios. Explorar estas contribuciones a los discursos sobre la migración resulta clave para entender qué miradas existen sobre el fenómeno y si ayudan a comprenderlo o tienden a su banalización. Por ello, es pertinente cuestionar cómo se construyen estas historias desde el cine nacional. ¿Cómo los realizadores mexicanos representan la experiencia de sus connacionales y de migrantes de otros países? ¿Desde qué posición miran los cineastas estas historias sobre la migración? ¿Hacia qué mercados y audiencias dirigen sus narrativas?


Ante la imposibilidad de tomarla, toda representación social en el cine siempre es una visión parcial de la realidad. Al analizar estas representaciones se evalúa el grado de estilización, el uso de estereotipos y de estrategias narrativas. En este proceso cabe analizar tanto lo que se decide contar, como cuestionar el porqué de lo que se excluye.


La contribución del cine a los imaginarios ha sido destacada antes por investigadores como Ana Rosas Mantecón. En un estudio publicado en los 90, Mantecón revisa las representaciones sociales que el cine mexicano ha construido de la migración rural hacia la ciudad, proveyendo a las audiencias de imágenes y mitos sobre la urbe.(1) Hoy la atención está en la migración que cruza fronteras. Si bien es cierto que la crisis migratoria actual puede o no inspirar historias que terminen en un filme, vale la pena analizar cómo hasta ahora, en el nuevo milenio, algunas películas de ficción del cine nacional han elaborado ciertos discursos sobre el migrante.


En las casi dos décadas del siglo actual, el cine mexicano ha producido diversas miradas sobre la experiencia de la migración. A continuación se presenta una revisión sintetizada de cuatro películas mexicanas de ficción, que sirven como puntos cardinales para comenzar a construir un mapa y así, analizar de forma crítica el repertorio de historias y la representación social que este cine construye de los flujos migratorios, principalmente, pero no de forma exclusiva, de México hacia el exterior. Estos filmes han destacado ya sea por tener un cierto éxito de taquilla o por recibir reconocimientos artísticos. El documental también se ha enfocado ampliamente en la migración, pero por cuestiones de espacio, sólo se menciona aquí de manera tangencial.


Se presenta una revisión simplificada de cuatro películas mexicanas de ficción, que sirven como puntos cardinales para comenzar a construir un mapa y así, analizar de forma crítica el catálogo de historias y la representación social que este cine construye de los flujos migratorios, principalmente, pero no de forma exclusiva, de México hacia el exterior.


La intención al revisar estas producciones es problematizar sus narrativas y, cuando sea pertinente, otros aspectos para identificar qué discursos se movilizan. El hecho de que estas películas muestren una variedad de abordajes para narrar y construir estas historias conlleva aspectos que pueden valorarse como problemáticos para la representación del fenómeno migratorio, pero también hay aciertos. Por ejemplo, aquello que aportan a la variedad de relatos, situaciones y diversos contextos en que se vive la migración.


Del grupo de películas bajo análisis, se identifican tanto aquellos filmes que tienden a idealizar y ver de forma romántica la experiencia del migrante como aquellos otros que se inclinan por sobredramatizar estas historias como una estrategia narrativa efectista. También destacan los relatos fílmicos que construyen personajes basados en estereotipos. La diversidad de historias y sus representaciones resisten la construcción de un imaginario monolítico sobre el fenómeno.


Estos filmes han destacado ya sea por tener un cierto éxito de taquilla o por recibir reconocimientos artísticos. El documental también se ha enfocado ampliamente en la migración, pero por cuestiones de espacio, sólo se menciona aquí de manera tangencial.


LA MISMA LUNA


Coproducida por compañías mexicanas y The Weinstein Company (Riggen, 2007), elabora dos líneas narrativas. La primera, ubicada en Los Ángeles,California sigue a Rosario, una joven madre soltera que ha logrado conseguir trabajo como empleada doméstica. La segunda historia inicia en México con el hijo de Rosario, Carlitos. Ante la necesidad de estar con su madre, el niño migra a los Estados Unidos. La película presenta situaciones en las que se muestran los problemas que se imaginan más recurrentes a los que se enfrenta el migrante: discriminación, explotación del patrón norteamericano, incertidumbre laboral, separación de las familias y los riesgos de ser atrapados por “la migra”. Sin embargo, en su tono ligero, el filme tiende a caer en los clichés o articular un tratamiento superficial: los riesgos que enfrenta un menor para cruzar la frontera se resuelven fácilmente; el encuentro con los seres queridos se simplifica; y la deportación es evitable, incluso para un niño. Así se presenta una narrativa esperanzadora, donde el futuro promisorio está al otro lado de la frontera.


LOS BASTARDOS


Esta historia (Escalante, 2008) que participó en el Festival de Cannes y ganó el premio a Mejor Película en el VI Festival Internacional de Cine de Morelia, se centra en dos migrantes, Jesús y Fausto, jornaleros que esperan un trabajo en una esquina de la ciudad de Los Ángeles. En contraste con la cinta anterior, Los Bastardos nos presenta un relato crudo, con una estética hiperrealista, en donde los protagonistas son contratados para asesinar a una mujer. Armada con planos secuencias y pocos diálogos, Escalante trabaja un montaje sintético. Una lectura de esta película podría elucubrarse alrededor de la explotación del migrante, orillado al crimen por las circunstancias. Empero, resulta inevitable, al verse hoy la película, pensar en los estereotipos más negativos que se predican en el gobierno de Donald Trump: el migrante mexicano como asesino, ladrón y violador. El filme, cofinanciado por fondos de cine europeos, construye una mirada que se ubica desde el exterior. Escalante lo admite cuando habla sobre su experiencia como hijo de migrante mexicano y madre norteamericana y de haber residido en los Estados Unidos: “Los Bastardos es una representación de lo que veo o cómo me siento allá”.(2) Con esa mirada distante, Escalante construye la representación del migrante mexicano como si fuera la Otredad.


LA JAULA DE ORO


El enfoque realista que consigue (Quemada-Díez, 2013) la pone entre La Misma Luna y Los Bastardos, en cuanto a estilo en la representación social. El filme narra la historia de un pequeño grupo de jóvenes migrantes guatemaltecos y un indígena tzotzil, en su viaje hacia la frontera norte en el tren llamado “La Bestia”. En conjunto, la trama centrada en estos personajes y su trayecto muestran perspectivas diferentes a lo que se había planteado en las otras dos películas. Anteriormente, Sin Nombre (Fukunaga, 2009), coproducción entre México y Estados Unidos, y el documental La Bestia (Ultreras, 2010), habían representado temas similares. Quemada-Díez construye de forma convincente los riesgos a través del trayecto, como los abusos en México de las autoridades migratorias contra los centroamericanos, la trata de mujeres y los francotiradores de grupos supremacistas, como los Minutemen, que vigilan la frontera.


El destino final tiene un tono de desencanto, al representarse en un ambiente frío y monótono, sea en el interior de una fábrica o a campo abierto. La cinta no busca congraciarse con el espectador, ni cae en sentimentalismos. Por este retrato crudo y realista de la migración la cinta recibió el Ariel a Mejor Película y el premio A Certain Talent en el Festival de Cannes.


TODOS QUEREMOS A ALGUIEN


Una película dirigida por una cineasta (Catalina Aguilar, 2017) que construye la representación de la mujer en la experiencia de la migración. La vista en esta película es completamente distinta a todas las anteriores. La narrativa reelabora la idea de la experiencia del migrante en la pantalla y articula una representación en la que Clara, una ginecóloga mexicana avecindada en California, reconfigura sus espacios y casi alcanza a borrar la frontera, en la cotidianeidad de un ir y venir: la migración como un péndulo que transita ágilmente sus espacios. Clara simboliza las posibilidades de tener lo mejor de dos mundos. Ciertamente, la película cumple con todas las características de la comedia romántica y no pretende otra cosa. Más bien se sirve de estas, como el triángulo amoroso que muestra, para cuestionar lo que es ser mexicano. El conflicto entre los dos intereses románticos de Clara, el mexicano Daniel y el también migrante australiano Asher, crean un paralelo con el conflicto por habitar ambos territorios. Narrativas como estas no van dirigidas exclusivamente a un público local, sino a uno transnacional, latino, cercano a la experiencia de la migración.


Todos Queremos a Alguien se distribuyó en México por Videocine y circuló también en los Estados Unidos a través de la empresa Pantelion, una alianza entre Grupo Televisa y Lionsgate para producir y distribuir películas que apelen y tengan eco en el público latino. Antes, la comedia No se Aceptan Devoluciones (Derbez, 2013) ya había utilizado este esquema de distribución. Incluso circuló primero en los Estados Unidos por Pantelion, antes de llegar a México a través de Videocine. La cinta de Derbez se aleja aún más de las representaciones sociales realistas de La Jaula de Oro, para utilizar la migración casi como un marco de fondo para la trama. Los motivos del protagonista Valentín no tienen nada que ver con la búsqueda de mejores condiciones de vida o de una migración forzada. Así como este filme, la cinta de Catalina Aguilar se concibe también para otros públicos fuera de México.


Es pertinente acotar que mientras estas cintas cruzan fronteras, en México no necesariamente alcanzan a todos los públicos. Desde la llegada de las políticas neoliberales en los 90, las audiencias de cine en nuestro país se han conformado principalmente por jóvenes, de entre 18 y 25 años, de clase media, con estudios de preparatoria o formación profesional.(3) El cine mexicano también enfrenta problemas de distribución y exhibición ante el dominio de las películas de Hollywood. Así, estos imaginarios pueden estar más presentes entre ciertos grupos, que no necesariamente están cercanos al fenómeno de la migración. Es probable que quienes pudieran identificarse más con estos personajes no tengan acceso a ellas. A menos que los personajes sean del estilo de Clara en Todos Queremos a Alguien.



GUTEN TAG, RAMÓN


Existen cintas que muestran otros aspectos del fenómeno migratorio y también se pueden cuestionar sus representaciones sociales, así como evaluar en qué grado construyen un retrato más complejo de estos flujos. Por ejemplo, Guten Tag, Ramón (Ramírez, 2013) mueve la narrativa del migrante hacia Alemania, después de muchos fracasos del protagonista por cruzar la frontera con Estados Unidos. Ramón ansia trabajar para poder ayudar a su madre enferma, pero entre la aparente imposibilidad de migrar al norte y las oportunidades de trabajo copadas en su pueblo por el narcotráfico, el joven protagonista emigra a Europa. Ahí sufre discriminación y frío, pero encuentra apoyo en algunos alemanes.


Al final, Ramón regresa a México sin haber logrado prosperar en Alemania, pero un inusual acto de generosidad de una mujer de la tercera edad de ese país recompensa la nobleza de Ramón. La película remite en esas escenas a viejos discursos sobre la dependencia económica del exterior y visos de un neocolonialismo, en donde Ramón está cerca de caer en el arquetipo del noble salvaje. La película fue nominada en varias categorías del Ariel, el equivalente al Óscar en México, en la edición de 2014.


Sirvan estas películas para mostrar la diversidad de narrativas y estilos que la ficción del cine mexicano ha producido sobre la experiencia del migrante. La suma de estas representaciones sociales elabora un retrato complejo del fenómeno migratorio en cuanto situaciones y temáticas. Sin embargo, en el tratamiento de las narrativas, hay que reconocer cómo algunos de estos relatos fílmicos tienden a la simplificación de la experiencia del migrante, al construir personajes unidimensionales, basados en estereotipos y simplificar o sobredramatizar la migración en aras de encontrar eco en audiencias amplias, especializadas o transnacionales.



Referencias

[1] Rosas Mantecón, Ana. “La Ciudad de los Migrantes: el Cine y la Construcción de los Imaginarios Urbanos”. Perfiles Latinoamericanos, no. 9, 1996, pp. 117-131.

[2] “Los Bastardos de Amat Escalante”. Proceso. 13 julio, 2009. www.proceso.com.mx/116904/los-bastardos-de-amat-escalante. Recuperado 17 de agosto de 2019.

[3] García Canclini, Néstor (coord.). Los Nuevos Espectadores: Cine, Televisión y Video en México. Ciudad de México: IMCINE, 1994, pp. 179-181.