Monterrey: Movilidad y forma urbana


Carlos Orozco


Ingeniero Civil por Tecnológico de Monterrey (ITESM); maestro en Planeación Urbana con especialidad en Transporte por la Universidad de Wisconsin-Milwaukee; director de Movilidad Urbana del World Resources Institute WRI-México.





El concepto de movilidad es relativamente nuevo, tanto en los ámbitos técnicos, políticos, sociales, como en las conversaciones cotidianas entre la familia y las amistades. En la mayoría de las ocasiones, “movilidad” ha sustituido —erróneamente— a otras palabras como “vialidad”, “tránsito” y “transporte”, y se ha convertido en un eslogan de políticas públicas, así como bandera de algunas empresas o grupos que, mayormente, la utilizan como parte de su narrativa para hablar de sostenibilidad ambiental.


Todas las personas tenemos que trasladarnos de forma cotidiana para cubrir nuestras necesidades de empleo, estudios, alimentación, recreación y salud. Sean distancias cortas o de varios kilómetros, es necesario cambiar de lugar para realizar nuestras actividades diarias.

Es importante destacar que la movilidad debe considerarse como una “demanda inducida”, ya que por sí misma no es una actividad, sino solamente una acción que nos permite completar los recorridos para llegar a los distintos sitios como el hogar, trabajo, escuela, entre otros. Sin embargo, por sí misma no es una actividad, no es lo que las personas buscamos lograr o hacer. Solamente en raras ocasiones, el traslado —por ejemplo, paseos recreativos— es el objetivo principal de la movilidad.


La vialidad, entonces, es el espacio por donde se trasladan las personas y los vehículos; el tránsito es el volumen de personas o vehículos que circula por cierta infraestructura; el transporte, visto desde una definición técnica, alude a los elementos —vehículos e infraestructura— que permiten el traslado de las personas y de las mercancías. Por lo tanto, ninguna de estas constituye un sinónimo de movilidad.


De estos tres conceptos, el que tiene más complicado diferenciarse de la movilidad, es el transporte. La manera más sencilla de entenderlo es visualizándolo como la oferta que busca atender a la demanda. La finalidad de cualquier sistema de transporte es resolver la movilidad de las personas.


La movilidad incluye, de manera implícita, el factor humano y social. Incluso, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos la constituye como un derecho de las personas y determina que el Estado debe proveer las condiciones para que se implemente de manera segura, eficiente, sostenible, inclusiva, equitativa, accesible y de calidad.


Para garantizar este derecho es necesario crear entornos adecuados y centrados en las personas, con el fin de que los sistemas de transporte puedan funcionar y atender las dinámicas de movilidad. Por otra parte, las soluciones de transporte tienden a ser complejas, ya que depende de decisiones personales que observan aspectos intangibles como puede ser la conveniencia, la preferencia de los horarios o del espacio físico por donde se realiza el traslado.


A principios del siglo XX, las ciudades se desarrollaban dentro de trazados estrechos, con aglomeraciones que permitían la cercanía de la vivienda con el empleo. Empero, había serios problemas de insalubridad. Esta situación se presentaba por la gran cantidad de animales de carga que servían de solución a las necesidades de movilidad de los habitantes. Dentro de la complejidad de este contexto urbano se buscaron alternativas que se pensaron “más limpias” y que produjeran menores afectaciones a la salud: se desarrollaron y popularizaron los motores de vapor y posteriormente los de combustión interna, los cuales provocaron una evolución sin precedente de los diversos modos de transporte.


El impacto de esta nueva tecnología revolucionó la forma urbana y el crecimiento de las ciudades. Para finales de la década de los 50, el cambio más notorio se originó en las urbes estadounidenses, ya que a diferencia de la mayoría de las ciudades europeas, estas incluyeron como parte fundamental de la planeación de su territorio las conexiones para los vehículos automotores, que cambiaron la percepción de la distancia —la velocidad de los automóviles permite tener mayores recorridos en tiempos menores— alejándose lamentablemente de la escala humana.


“De la misma manera que el ascensor hizo posible la proliferación de rascacielos, el automóvil propició el crecimiento de la ciudad horizontal”

El transporte individual se convirtió en la opción preferida por excelencia, y con ello se detonaron urbanizaciones cada vez más desconectadas y aisladas. Este proceso imposibilitó gradualmente los servicios de transporte urbano, el cual requiere densidad para poder ser viable operativa y financieramente. Por lo tanto, ciudades o zonas de baja densidad poblacional y de empleo, hacen casi prohibitiva su correcta operación.


No se puede decir que el crecimiento de las ciudades en México ha seguido los pasos de sus similares en Estados Unidos, ya que la planeación del territorio que se da desde los órganos reguladores de gobierno en nuestro país, no tiene un impacto real en la forma en como se presenta el desarrollo de las zonas urbanas. Las urbes en México han ido creciendo con las inversiones de los desarrolladores del suelo, causando una falta de conectividad y cohesión urbana. A esta problemática —presente desde la última parte del siglo XX y todavía vigente— debemos sumarle la cercanía y acceso al gran mercado automotriz de Norteamérica y a las inadecuadas políticas federales de vivienda social, para así comprender la expansión y desconexión de las ciudades mexicanas.


Entre mayores sean las distancias, mayor será el consumo energético requerido para conectar del punto A al punto B. Los modos de transporte son uno de los sectores que más contribuye en un 30 % a la emisión de gases de efecto invernadero (GEIs). Hoy en día, más del 60 % de la población mundial —que ya alcanzó los 8 billones de personas— vive en ciudades, por lo que la problemática de movilidad urbana es un tema muy trascendente. Dar cuenta de esta realidad se vuelve indispensable en la búsqueda de acciones para mitigar y contrarrestar los efectos del cambio climático que afectan cada vez más a los distintos ecosistemas del planeta.


TRÁFICO Y SATURACIÓN VEHICULAR


Las ciudades del norte de México, en especial la Zona Metropolitana de Monterrey, presentan patrones de crecimiento horizontal similares a aquellos que se encuentran en las urbes localizadas en el país vecino del norte, con grandes avenidas y más grandes distancias entre los orígenes y los destinos. Esta forma urbana ha generado que cualquier otro modo de transporte —además del automóvil— no pueda satisfacer de forma adecuada las necesidades de desplazamiento de la población. Esta configuración urbana de Monterrey la ha hecho ganarse el mote: “Carrorrey”.


Las soluciones viales para muchas de las ciudades alrededor del mundo —en mayor o menor grado— han precisado de inversiones públicas y privadas gigantescas, y todas ellas se han hecho en busca de reducir el congestionamiento vehicular. El objetivo ha sido aumentar la capacidad vial. Sin embargo, no se ha tomado en cuenta que entre más oferta exista para un solo modo de transporte, la demanda para su uso aumentará, incluso en mayor proporción que la nueva oferta. A esto se le llama tráfico inducido.


Después de años de fracasos en ciudades de todos los continentes, es evidente que el tráfico vehicular no es el problema que se debería atender. De hecho, el tráfico es sólo un efecto del problema. Los esfuerzos deberían centrarse en analizar las causas que impiden al sistema de transporte en su conjunto, atender de forma eficiente y adecuada la movilidad.

El congestionamiento vehicular es la consecuencia de invertir y subsidiar, de manera constante, la construcción de infraestructura destinada mayormente a un único modo de transporte individual —como el automóvil—, y de ignorar la relación que existe entre el transporte y la forma urbana, desvinculando el concepto de movilidad.


Las nuevas prácticas a nivel internacional señalan que la problemática de movilidad debe desarrollar soluciones sobre tres pilares: reducir la cantidad de traslados; cambiar a modos menos contaminantes; mejorar la calidad de los servicios de transporte. Estas acciones permiten introducir el término de movilidad sostenible, pues permiten disminuir el impacto al medio ambiente, aumentar los niveles de equidad social y distribuir las inversiones financieras hacia sistemas económicamente factibles.


Este planteamiento propone claramente que el problema de movilidad no sólo se resuelve con un sistema de transporte funcional, sino que se necesitan condiciones de forma y estructura urbana que permitan la interacción entre las distintas actividades que demanda la población. La proximidad entre los orígenes y los destinos permite reducir la cantidad de viajes y considerar alternativas distintas al automóvil.


El concepto de cercanía cambia de fondo la respuesta que se ha buscado históricamente a la problemática de movilidad. En lugar de tratar de aumentar la velocidad para reducir el tiempo de traslado ​​—eso es lo que tradicionalmente se ha hecho—, es preferible impulsar cambios en las estructuras urbanas que resulten en menores distancias recorridas y disminuyan los tiempos de trayecto —aunque la velocidad se reduzca.


Esto implica que se realicen acciones para redistribuir el espacio destinado a cada uno de los modos de transporte y que se fomente el desarrollo de infraestructura para la movilidad activa y la colectiva sobre la individual motorizada.


La movilidad activa —peatonal y ciclista— sólo puede darse cuando las distancias son cortas, por lo que el transporte no motorizado se convierte en una alternativa posible y deseable. En tanto, la proximidad, que de cierta manera indica la existencia de densidad de empleo y vivienda, permite la operación adecuada de sistemas de transporte colectivo. Esta condición aumenta la equidad entre los habitantes de las ciudades y posibilita una mayor accesibilidad a todos los servicios.


SOLUCIONES A LA MOVILIDAD


Las ciudades compactas fomentan la operación de sistemas de transporte más eficientes, con menores consumos energéticos y, por tanto, permiten la movilidad sostenible de las personas y ayudan a reducir las causas del cambio climático.


Hablar sobre ciudad compacta no es referirse a la promoción de rascacielos o edificios con más de 10-15 pisos que, contrario a solucionar el problema, crean puntos con altísimas densidades y provocan concentraciones de personas que sobreponen sus horarios de demanda y complican sustancialmente la oferta de los servicios de transporte. Es relevante entender la escala humana y no potenciar la expansión vertical que detona los mismos daños que la horizontal.


Atender las problemáticas relacionadas a la movilidad requiere la participación de especialidades varias: políticas públicas, ingeniería, economía, salud y ciencias sociales y medioambientales —sin dejar a un lado la opinión ciudadana.


Las soluciones para la movilidad deben ser integrales y siempre mantenerse en constante revisión para ajustarlas a las necesidades de la población. Para lograr esto, se requiere del involucramiento de la sociedad en la generación de alternativas y en la toma de decisiones; de instituciones gubernamentales sólidas; de la presencia de organizaciones civiles, gremiales, académicas, comprometidas con las comunidades y con el planeta. La participación de todas y todos resulta indispensable para contrarrestar los impactos directos y externalidades negativas causadas por la expansión urbana y por las ineficiencias del sistema de transporte.


El pasado es la mejor evidencia de que todas las decisiones que se tomen tendrán consecuencias en el futuro. No hay que olvidar que quienes inventaron el automóvil no lo hicieron con el objetivo de contaminar la atmósfera, ni tampoco para aumentar el consumo del suelo urbano. Esta tecnología se desarrolló como solución a los problemas de movilidad que se presentaban en las urbes a principios del siglo pasado.


Alcanzar soluciones de movilidad sostenible es una tarea compleja: se requiere la implementación de diversas acciones, que van desde impulsar cambios en la forma urbana para maximizar los beneficios medioambientales y sociales, hasta cambios en las conductas individuales en miras de proteger nuestro entorno. La movilidad sostenible podrá ser nuestra mejor alternativa, siempre y cuando trabajemos en conjunto para lograrlo.


Referencias:


  • Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 5 de febrero de 1917, Última reforma: 28-05-2021; Artículo 4, párrafo 18

  • Oliver Gillham, 2002. The Limitless City: A Primer on the Urban Sprawl Debate

  • World Population Prospects 2022: Summary of Results, United Nations Department of Economic and Social Affairs, Population Division

  • El enfoque Avoid – Shift – Improve (Evitar/Reducir-Cambiar-Mejorar) A-S-I, se centra en el lado de la demanda y ofrece un enfoque más holístico para diseñar un sistema de transporte más sostenible.

  • El enfoque A-S-I se desarrolló inicialmente a principios de la década de 1990 en Alemania.