La cuarta transformación y su inspiración histórica

Por Luis García García

Doctor en Historia por la Southern Methodist University en Dallas, Texas con especialidad en Historia de la Frontera y catedrático de la UDEM


Durante su campaña electoral, el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador hizo hincapié en señalar que buscaba una renovación del sistema político mexicano. Para conseguirlo, dijo, habría que transformar la política para lograr un estado de derecho, una democracia real y acabar con la desigualdad y corrupción en el país. En

realidad, muchos políticos han dicho esto de una u otra forma. La diferencia es que López Obrador justifica, explica e inserta este postulado dentro de un proceso histórico. Señala que México, en toda su historia, ha vivido tres grandes transformaciones. Con esto se refiere a ciertas etapas que han cambiado el orden político nacional. La Primera Transformación fue el movimiento de Independencia (1810-1821) en el cual se acabó con el dominio español después de un conflicto armado. La segunda es el movimiento de Reforma (1858-1861), cuando los liberales, encabezados por Benito Juárez, establecieron nuevas leyes que lograban la separación Iglesia-Estado. Los conservadores se opusieron,

iniciando un conflicto militar que acabarían perdiendo. La Tercera Transformación fue la Revolución Mexicana (1910-1920). Este movimiento armado inició por la oposición hacia la dictadura de Porfirio Díaz. En 1917 se estableció una nueva Constitución que ahondaba en cuestiones sociales y políticas olvidadas como el reparto agrario y la explotación petrolera. López Obrador sostiene que su Cuarta Transformación, al igual que las tres anteriores, también busca cambiar las estructuras de poder en México, con la diferencia de que se hará por la vía pacífica.

Los postulados de la Cuarta Transformación no son solo un eslogan de la campaña presidencial 2018. El actual Presidente ha plantado este enfoque desde 2002, durante una reunión que tuvo con los principales dirigentes del entonces Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ahí explicó los tres momentos históricos que habían cambiado al país y cómo el sistema político actual se había agotado, por lo que era necesario comenzar una nueva transformación.1 Esta sería a través de la justicia social, de acabar con la corrupción, en suma a hacer política con una guía moral emanada de la experiencia histórica. López Obrador no es el primero en hacer esto. Ya desde el siglo I a.C, el emperador Augusto, buscaba justificar el nuevo sistema político de la Roma Imperial, a través de La Eneida, un poema épico donde se narraban los orígenes romanos. El protagonista de la obra, Eneas, no buscaba gloria personal, sino el bien general de su nación. O quizás un caso más cercano y contemporáneo es Estados Unidos. La frase bíblica “a city upon a hill” fue usada por el reverendo John Winthrop en 1630 durante un sermón dirigido a puritanos en Massachusetts. Dicha máxima hacía hincapié en el comportamiento moral de comunidad de peregrinos, y cómo serían observados por el resto del mundo. Esta frase se convirtió en una justificación del

excepcionalismo estadounidense; un fundamento divino e histórico para que Estados Unidos se convirtiese en un punto de referencia a nivel mundial y expandiera “sus ideales” políticos. Muchos gobernantes norteamericanos la han usado en sus discursos como por ejemplo John F. Kennedy, Ronald Reagan o Barack Obama.

El uso de la historia como punto de referencia para la sociedad también ha sido usado en México previamente. Los criollos, a finales del siglo XVIII, exaltaron el pasado indígena prehispánico con el fin de diferenciarse de los españoles peninsulares. La intención era demostrar que la Nueva España ya era un territorio constituido política e históricamente mucho antes de la llegada de los conquistadores, por lo que en realidad merecía cierta autonomía. Ya durante la guerra de Independencia se empezó a comparar a los “héroes” indígenas que habían luchado contra los españoles durante el siglo XVI con los caudillos insurgentes. Se buscaban continuidades y legitimación a través de la historia. Otro ejemplo de estas construcciones sociales es la elaboración de la enciclopedia de historia: México a Través de los Siglos, dirigida por Vicente Riva Palacio y publicada en 1884. Esta obra buscaba conciliar e integrar el pasado mexicano. Durante gran parte del siglo XIX, México había vivido entre la polarización y los extremos ideológicos: federalismo contra centralismo, liberales contra conservadores. A la postre, esta división sumió al país en una espiral de conflictos. El trabajo de José María Vigil en esta enciclopedia buscaba conciliar integrando el pasado indígena y el español a la construcción del Estado Nacional. Situó a lo mexicano como un producto de la mezcla de ambos pasados. El mestizaje se volvió parte de la identidad nacional.(2)


La Revolución Mexicana vino nuevamente a buscar otras interpretaciones del pasado mexicano. Con la caída de Porfirio Díaz, la Revolución fue vista como el instrumento para derrocar a un régimen dictatorial y corrupto. También tendría que traer la justicia social a los sectores que vivían en la opresión como los campesinos y obreros. Posteriormente, ya cuando había acabado el conflicto armado y se buscaba la institucionalización del gobierno y el fin de las pugnas entre caudillos revolucionarios, se buscó una narrativa unificadora. La Revolución de 1910 fue vista como una continuación del proceso iniciado durante la Guerra de Independencia en 1810. En un discurso mitificador todos los caudillos y facciones forman una sola unidad: Emiliano Zapata y los hermanos Flores Magón (Jesús, Ricardo y Enrique) fueron incorporados a la memoria oficial. Esta visión no solo permeó lo político sino también la educación, el arte, la economía, la ciencia.3 Esto formó el corpus fundacional del Partido Nacional Revolucionario (PNR) en 1929, y su posterior evolución en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) hacia 1938, y finalmente el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 1946. Esta visión historiográfica tiendea ver las cosas en blancos y negros, buenos y malos, y causó la formación del corpus de la historia oficial. Jesús Silva Herzog empezó a distinguir las etapas históricas que configuraron el México Moderno y sus problemáticas, pero sostuvo que la raíz de los conflictos sociales ha sido históricamente la mala distribución de la tierra, al igual que la Revolución Mexicana fue un “gran movimiento social que transformó la organización del país en todos o casi todos sus variados aspectos”4. Ya se habla de las grandes transformaciones.


López Obrador, formado ideológicamente en las filas de la izquierda mexicana, debe mucho a esta visión su reinterpretación de la historia de México. A diferencia de los últimos presidentes, sí trata de darle un marco ideológico a su gobierno a través de la historia. Tiene predilección por las figuras de Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas como un punto de referencia. También ha escrito varios libros de historia donde establece sus puntos de vista 5. El hilo conductor es el sentido de la moralidad en la política. Habla de los liberales del siglo XIX como “hombres de ideas avanzadas, patriotas a carta cabal, pero con demasiado apego al poder”. O, por ejemplo, para referirse a los golpistas de la Decena Trágica: “Cuando la lucha por el poder se emprende sin ideales ni principios, los políticos se separan pero la ambición los junta.” A Lázaro Cárdenas lo califica como “el mejor de todos (los presidentes de la época inmediata a la Revolución), dio respuesta a las demandas sociales incumplidas y afianzó la soberanía nacional”.6 La moral es la brújula para juzgar el papel histórico de los actores.


Otra forma en la que utiliza la historia es para enmarcar los problemas y retos de la actualidad. De alguna forma se refiere al presente desde el pasado y así busca justificar sus ideales. Al neoliberalismo actual lo llama una copia y continuación de los agravios e injusticias del Porfiriato, por lo que desde esta lógica, sería justo revertir las medidas económicas neoliberales. En su lenguaje de gobierno emula al pasado, su administración tendrá una “austeridad republicana”, y a sus opositores y críticos los llama “conservadores”. Con esto se hace referencia al pasado juarista. Un último ejemplo es el asunto de la Guardia Nacional. Dicha institución, la original, fue creada en 1846 en plena guerra contra Estados Unidos; se trataba de un ejército de ciudadanos para la defensa de la patria. Esto tiene su origen en los ejércitos ciudadanos europeos de principios del siglo XIX, surgidos a partir de la Revolución Francesa. En México, la Guardia Nacional se volvió el núcleo de las fuerzas liberales durante la Reforma y la Segunda Intervención Francesa. Personajes como Ignacio Zaragoza, Mariano Escobedo o el mismo Porfirio Díaz formaron parte de ella, destacando en el escenario nacional. El proyecto actual es más bien el de una policía paramilitar, más parecida a la Guardia Civil o a una Gendarmería. Poco tiene que ver con la Guardia Nacional original, pero el hecho de querer llamarla del mismo modo, se sitúa dentro de esta idea de repetir momentos épicos del pasado.


Esta visión de la historia mexicana no está exenta de problemas. Conduce a un discurso polarizante en blanco y negro, de buenos y malos, adecuado para una campaña electoral, pero dificulta lograr acuerdos en política. Su visión histórica funciona como un postulado político e ideológico, no así cuando es analizada por profesionales de la historia. A la tesis de licenciatura escrita por López Obrador, el historiador John Womack le llama una “simplificación de una antigua historiografía que fue popular en los 70”. Señala que no hay una fuente de archivo y toda está basada en bibliografía existente.7 El libro Neoporfirismo: hoy como ayer sigue estas mismas líneas, hay capítulos que son transcripciones referenciadas de la obra de Daniel Cosío Villegas o del Periódico Regeneración de los hermanos Flores Magón.

LA CUESTIÓN AQUÍ ES QUE NO LE INTERESA HACER UNA HISTORIA ACEPTADA POR LOS ACADÉMICOS, LE INTERESA CONSTRUIR UN DISCURSO, Y DEBIDO A SU SIMPLICIDAD TUVO UNA BUENA ACOGIDA EN GRAN PARTE DEL ELECTORADO MEXICANO.

La renovación moral contra la corrupción y los abusos del poder tiene que ver en actos tangibles, de otra manera el discurso se erosiona. Es por eso que busca acciones como la erradicación del robo de gasolina, la mala administración de las guarderías infantiles, todo lo que implique corrupción. El principal reto de la administración lopezobradorista es cómo continuar y lograr los postulados de la Cuarta Transformación, sin descuidar al resto del aparato gubernamental.


Fotografías: Gobierno de México


Referencias:

[1] Israel Navarro, Liliana Padilla. “Origen de la 4T en voz de sus artífices principales”,

https://www.milenio.com/politica/origen-de-la-4t-en-voz-de-sus-artifices-principales. Accesado el 25 de enero de 2019.

[2] Enrique Florescano. Historia de las Historias de la Nación Mexicana (México: Taurus, 2002)

[3] Florescano. Historia de las Historias.

[4] Jesús Silva Herzog. Breve Historia de la Revolución mexicana. Los antecedentes y la etapa maderista. (México: Fondo de Cultura Económica, 1960)

[5] Enrique Krauze. “El Presidente Historiador” https://www.letraslibres.com/mexico/revista/el-presidente-historiador. Publicado el 2 de enero de 2019. Accesado el 10 Enero de 2019

[6] Andrés Manuel López Obrador. Neoporfirismo. Hoy como ayer. (México: Grijalbo, 2014)

[7] Dolia Estévez, “Con AMLO ganó la izquierda del PRI, y no la izquierda histórica, dice el historiador John Womack” https://www.sinembargo.mx/28-07-2018/3449193. Publicado el 28 de julio de 2018. Consultado el 5 de enero de 2018.

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