El huracán de la polarización

Medios, prensa y comunicación




Rixio G. Portillo

Profesor asociado en el Departamento de Cine y Comunicación de la Universidad de Monterrey (UDEM); egresado de la Escuela de Comunicación de la Universidad del Zulia, Venezuela; profesor y Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Católica Cecilio Acosta; cursa estudios doctorales en el Instituto Universitario Sophia, en Italia.



Una de las características de la época contemporánea es la volatilidad, eso que el sociólogo polaco, Zygmunt Bauman, definió como sociedad líquida, en la que sus miembros han perdido la solidez e interactúan sin supuestos moldes y parámetros preestablecidos.


Bauman, en su extenso comentario, recuerda lo dicho por Harvie Ferguson: “En el mundo posmoderno todas las distinciones se vuelven fluidas, los límites se disuelven y todo puede parecer opuesto; la ironía se convierte en la perpetua sensación de que las cosas podrían ser diferentes, aunque nunca fundamental o radicalmente diferentes”1.


Los efectos de este fenómeno líquido en la concepción del hecho social se reflejan, por ejemplo, en la discusión sobre la libertad, entre las fronteras de libertinaje y liberalismo, o en las mutaciones de antiguas posturas barnizadas de novedad, confluyendo en el individuo y su personalísima visión.

A partir de esta concepción individualista de la realidad social, podría encontrarse el concepto de posverdad, en el que cada persona según su canonizado libre albedrío decide considerar qué es cierto, aunque no haya ningún elemento objetivo y real de celeridad que lo confirme.

La posverdad es, entonces, un paradigma que corona la expresión del filósofo José Ortega y Gasset, en la que asociaba la existencia al breve terreno de la realidad inmediata: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”2.


De acuerdo con Lee McIntyre, la posverdad no es tanto la afirmación de que la verdad no existe, sino la de que los hechos están subordinados a un único punto de vista ideológico, y a partir de allí se construya la realidad, con datos verificados o no. Es decir, que todo dependa de la intención del individuo3.


SOCIEDAD HETEROGÉNEA

Pero la realidad social supera al individuo, lo trasciende, no se agota en una visión cortoplacista. Aunque el ojo humano no pueda ver más allá de 90 grados, no quiere decir que en los 90 o 180 restantes no existan otras situaciones, por lo que la liquidez del pensamiento volátil que propone Bauman se conjuga con el fenómeno de la diversidad y diferencia en el hecho social.


La diversidad tendría que ser asumida como una realidad de la sociedad y no como una amenaza. El filósofo y prominente escritor, Angelo Scola, lo aborda en una de sus obras sobre la laicidad, afirmando que hoy en día “se mantiene una fuerte reticencia a reconocer que la diversidad no es sólo un riesgo, sino también una oportunidad para el enriquecimiento”4.

El inconveniente se presenta cuando la mayoría de los movimientos sociales que responden a la lógica de la sociedad líquida, enarbolan la bandera de la diversidad con argumentos netamente homogeneizantes y homogeneizadores.

POLARIZACIÓN EN EL TERRENO SOCIAL

Por ello, en esta volatilidad de postura aparece otro fenómeno colateral de la comprensión social de la diversidad: la polarización. Aunque no es un factor definitivamente contemporáneo, la polarización tiene referencias en la historia humana, pero en la actualidad se observa una tendencia exponencial a la alza, frente a los acelerados cambios que generan incertidumbre a escala global5.


En sí, la polarización es la concepción dicotómica de la realidad desde el dualismo opuesto y antagónico, en una visión reductiva de personas buenas y malas; culpables e inocentes; puras e impuras; honestas y corruptas: en la que no es posible el punto medio o el equilibrio. Una especie de sentencia a muerte del todo o el nada.

De la polarización surge la desconfianza, y sobre todo la confusión, pues al no haber un cimiento sólido en el que asirse, se completa la antigua sentencia de Babel: “para que ya no se entiendan unos a otros”.

La polarización no sólo se da en el campo político o religioso, como podría creerse. Una buena parte de los temas sensibles al debate público son tamizados desde los extremos, donde sólo pueden haber dos posturas. Un maniqueísmo absoluto como ley suprema de la realidad.

Sin embargo, lo social tiene un elemento importante: la comunicación, que desde su concepción más básica e incipiente implica la interacción de los miembros de un mismo grupo, pero que trasciende y se alarga en sus formas de relación.

En este sentido, la aproximación de la comunicación desde la perspectiva relacional fue desarrollada en un comentario por la investigadora Ana Cristina Montoya, en la que afirma que la comunicación “es un elemento constitutivo de la relación social” y en un sentido original “es una forma de nombrar una relación o una acción que genera correspondencia, una reciprocidad. Una idea que se opone inmediatamente a la del aislamiento, a la de exclusión”6.


Por ello, una forma de definir el tipo de sociedad que se vive es a través de la comunicación que se ejerce, como expresión de la relación que fundamenta las interacciones de los diferentes miembros.


Si la sociedad líquida presenta a la polarización como una de sus características, la comunicación puede ayudar o no, a esta polarización. Por sí misma la comunicación no es polarizada, sólo es reflejo de la polarización social, pues el acto mismo de comunicación implica a un emisor que se dispone para entrar en relación con el receptor.

MEDIOS Y POLARIZACIÓN, ¿QUÉ HACER?


Los medios y el periodismo también están implicados en el ejercicio de las relaciones sociales, pues ayudan a construir el imaginario social a partir de las representaciones que hacen, de tal manera que pueden quedar envueltos en el huracán líquido de la polarización.

Una primera barrera a vencer en la polarización, por parte de la prensa, es mantener el equilibrio en el discurso narrativo, es decir, no caer en la tentación de la agenda ideológica predominante.


Medios e ideologías tienen un largo bagaje de experiencia, incluso desde la misma concepción de Antonio Gramsci en su teoría social sobre la hegemonía comunicacional de los medios.

Las ideologías, por su naturaleza, son reductivas, parciales y por tanto polarizantes, por lo que el periodismo ya no solo tendría que enarbolar la bandera de la libertad de prensa en el ejercicio de expresión, sino sobre todo, la libertad como ejercicio responsable de la información de cara a su compromiso social.

Por tanto, si la prensa libre no responde a la narrativa del poder en turno, tampoco debería hacerlo de la corriente ideológica del momento, eso le da una mayor autenticidad y credibilidad frente a la construcción de la opinión pública.

Un segundo aspecto, entre medios y sociedades polarizadas, sería la búsqueda de la verdad. La prensa, el periodismo y los medios existen para buscar la verdad, en un horizonte que no se agota en lo inmediato.

El compromiso por la verdad en la prensa no es asunto menor: ante los coletazos de la posverdad y la descentralización de la sociedad red, la prensa sigue siendo un referente principal (sino único) de verificación de noticias.

La verdad en el periodismo no es un accesorio de libre elección, sino de obligatoria decisión, no puede limitarse sólo al consenso o al juicio de la mayoría, sino a la realidad misma que se debe transmitir, en servicio de principios sociales, como el bien común.

Verdad y periodismo convergen como garantía de desarrollo humano en sociedades libres, plurales y sobre todo auténticamente democráticas, en un ejercicio con el estilo profesional de la ética periodística, sin adjetivos, ni superlativos, sino orientados a la búsqueda de la claridad y la transparencia de la realidad social.

PERIODISMO AL SERVICIO DE TODOS

El papa Francisco, en su texto sobre la fraternidad universal, toca tangencialmente el asunto de la polarización social, desde el nivel de la comunicación interpersonal, la cual es el primer eslabón de la complejidad del proceso de intercambios en medios a través del periodismo.

Para el Pontífice, la polarización social “niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos”, y lamentablemente muchas experiencias en redes sociales son muestra de esta segregación comunicativa7.

En un contexto de polarización, añade, no se recoge la parte de verdad en el otro ni en sus valores, y por tanto la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte, cuando la clave está en el reconocimiento de valores y certezas que existen en los que piensan distinto a mí como factor de enriquecimiento.


Por lo que el periodismo frente al fenómeno de la polarización no sólo es un marco de referencia en la búsqueda de la verdad en la vorágine de fake news y deep fake, sino que además es factor de inclusión y visión panorámica y alargada de la realidad misma.


En este sentido, Diego Fares8, comentando algunas reflexiones del papa Francisco sobre la polarización, recomienda no dejarse confundir con falsas contradicciones, sino dar a conocer que la unidad social, los objetivos comunes de desarrollo, prevalecen sobre el conflicto. En síntesis, una comunicación al servicio de todos, en beneficio de todos, y no de una parcialidad que puede tener diferentes atavíos, ya sean lucrativos, estatales o comerciales.

La raíz etimológica de la comunicación ya propone esta difícil tarea, la de unir, poner en común, y generar sentido de comunidad. En términos de fraternidad: ayudar a que seamos “más cercanos los unos de los otros, a que percibamos un renovado sentido de unidad de la familia humana que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos”9.


Referencias


  1. Bauman, Z. (2015). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica Argentina. Edición electrónica.

  2. Ortega y Gasset, J. (2005). Meditaciones del Quijote. Editorial Cátedra Letras Hispanas. VI Edición. España.

  3. McIntyre, L. (2018). La posverdad. Difusora Larousse - Ediciones Cátedra. España.

  4. Scola, A. (2007). Una nueva laicidad: temas para una sociedad plural. Ediciones Encuentro, S.A. España.

  5. Fares, D. y Ivereigh, A. (2019). Come comunicare in una società polarizzata. Rivista La Civilitá Cattolica. Quaderno 4047. Volume I. Pag. 222 - 225. Italia. Disponible en: https://www.laciviltacattolica.it/articolo/come-comunicare-in-una-societa-polarizzata/

  6. Montoya, A. (2020). La comunicación y el enigma de la relación. Eunsa - Ediciones Universidad de Navarra. España.

  7. Francisco (2020). Carta encíclica Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social. Libreria Editrice Vaticana. Santa Sede.

  8. Op.cit (Fares, D. y Ivereigh, A. [2019] Op.cit).

  9. Op.cit (Francisco. [2020] Op.cit)