¿El fin del colonialismo?


Zaida Carolina Martínez Arreola

Sociología UDEM



La folklorización cosifica porque es su manera de deformar a las culturas mientras busca deshacerlas o asimilarlas en el nacionalismo chapín. Pensar en folklore no nos permite conocer nuestro pasado y asumirlo como fue, porque al hacerlo anónimo, al considerarlo empírico, no solo le restamos valor a nuestras formas de vida sino que terminan perdiéndose o diluyéndose en el tiempo. La folklorización es una forma de despojarnos, porque nos exhibe como especies extintas que por desaparecidas, sus conocimientos no pertenecen a nadie más que a la nación.


Sandra Xinico Batz, 2020






A 500 años de la Conquista española, México no podía quedarse atrás en reafirmar su grandeza identitaria con la “Memoria Luminosa”, maqueta monumental del Huey Teocalli, del Recinto Sagrado del Templo Mayor, en el Zócalo. “La voz de nuestras raíces se escucha en el corazón de la ciudad”, afirmaba un video emitido por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. En este contexto, no faltaron los análisis e interpretaciones sobre la conquista que hicieran loa al trabajo del antropólogo, historiador y nahuatlato mexicano Miguel León Portilla: Visión de los Vencidos, que, a palabras de José Emilio Pacheco, se trata de un “gran poema épico de nuestra tradición antigua, un cantar semejante a la pérdida de Troya, con escenas vivas de realismo”.


Y no es mi propósito seguir la tradición escrita de poner a León Portilla como base de este texto, pero sí hay una pretensión de comenzar a revertir el tan aclamado y citado título de su generosa obra. Por ello es preciso dejar de hablar de una Visión de los Vencidos y enfocarnos en la visión de los unidos, sí, de los unidos que a través de la narración de una historia común configuraron los modos de ser y actuar de las instituciones con la creación del Estado-nación. Los “unidos”, que desde la época posrevolucionaria configuraron la nación imaginada que hoy día nos requiere a todas y todos como “mexicanas y mexicanos”, siendo la celebración de la resistencia de los pueblos y comunidades indígenas un intento más por reforzar nuestra supuesta y decorada unión.


Porque, ¿cuáles voces se escuchan en este gran monumento? La del Estado, que por medio de sus instituciones ha construido una narrativa particular en torno a ‘nuestro pasado indígena’, en la que se habla sobre los “indios muertos” representativos de un pasado heróico y glorioso. No en balde el artículo segundo de la Constitución afirma que los pueblos indígenas son la base y sustento de la nación.


Con el eslogan: “Celebrando los 500 años de la resistencia”, el órgano de cultura de la Ciudad de México relaciona su orgullo por las raíces con una estructura que, inevitablemente, para quienes la tienen de frente, les hace mover la cabeza hacia arriba, haciendo inevitable que por lo menos tengamos nuestros cinco segundos de amor a México, sin que se nos pase decir: ¡Wow!


Decía Eduardo Galeano que se tiende a confundir la “grandeza con lo grandote”, y eso es justo lo que las portadas de los medios impresos nacionales e internacionales plasmaron. Más allá de maravillarse ante el enorme monumento, lo que realmente se retrata es la reafirmación de la identidad nacional mexicana.


El monumento en el Zócalo -que se quedará de manera temporal- no hace más que promover desde una visión ornamental el respeto a las comunidades y pueblos indígenas.


El objetivo de asegurar una cohesión que en la práctica es casi inexistente, se ve como necesario para crear referentes comunes y tener, por lo menos, algunos minutos para maravillarse por eso que llaman: ‘la cultura mexicana’. Pero el evento va más allá de las ciudadanas y ciudadanos. ¿Qué va a decir la comunidad internacional? Lo “grandote” es entonces una reafirmación de lo exótico que para México resulta, de alguna manera, conmemorar fechas relacionadas a los pueblos y comunidades indígenas.


Tampoco podemos perder de vista el rol de los organismos internacionales en la promoción de fechas burocráticas como lo es el 21 de febrero, Día Internacional de la Lengua Materna; el 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas; o el 5 de septiembre, Día Internacional de la Mujer Indígena.


En estas fechas no pueden faltar los publicaciones en redes sociales en donde reflejan lo que María Sojob denuncia como “procesos folclorizadores”, y no pueden faltar etiquetas como: #CiudadDeDerechos. Parecería que esta ciudad de derechos existe en la celebración de las agendas internacionales, ¡y peor!, emitidos por Gobernación, donde el reconocimiento de derechos se contrapone con la reproducción del racismo institucional.


México ha centralizado su historia a partir de los libros de texto y de historia de la Secretaría de Educación Pública, no es casualidad que el referente común de nuestro glorioso pasado sean los sacrificios y la barbarie, y de pronto, la palabra molcajete. Tampoco es casualidad la creación del Museo Nacional de Antropología, ni los órganos específicos de cultura, quienes sostienen en sus paredes y su discurso nuestro triunfo como una nación unida. Y mediante estos productos y espacios, se continúan explicando las comunidades y pueblos indígenas como historias antiguas y arcaicas, dejando afuera el colonialismo interno y discursivo que se reproduce en la cotidianidad.


El trabajo que ha hecho la Secretaría de Cultura a lo largo de los años ha sido, en primera instancia, unir ‘lo indígena’ de manera directa con lo cultural, reproduciendo la folklorización de los usos y costumbres de comunidades y pueblos indígenas, perpetuando al mismo tiempo el extractivismo cultural que no es más que referirse a la expropiación de recursos culturales para el consumo de experiencias (15).


Se pensaría que después de numerosas reformas, leyes y convenios internacionales la visión mítica y gloriosa que a las y los mexicanos nos posiciona en una ocasión común, debiese ir en detrimento. Bien establece Antonio Gramsci en “Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno”, que “la repetición es el método didáctico más eficaz para obrar sobre la mentalidad popular”, trabajo que el Estado mexicano a través de sus instituciones como Cultura, ha impuesto a través de la repetición de los discursos e iniciativas cuando de pueblos y comunidades indígenas se trata.


Por lo tanto, esta ‘gran celebración’ pasada sigue siendo una composición y estrategia del Estado-nación que aunque se jacte de pluricultural, sigue propiciando las mismas dinámicas culturales de folklorismo año con año. La ‘celebración’ por la resistencia de las comunidades y pueblos indígenas a raíz de la Conquista sigue siendo una iniciativa excluyente que les califica como una masa homogénea sin tomar en cuenta los conflictos históricos pasados y tampoco actuales y particulares de cada población


Además, no se desaprovechó la coyuntura para atribuirle todos nuestros achaques como ‘nación’ a los españoles. El problema de que las coyunturas pasan como el aire se debe a que este tipo de temas quedan fuera del debate público y jamás nos preguntamos cuáles son las violencias que reproducimos a nivel micro y macro social, nos quedamos con la imagen de las comunidades y pueblos indígenas como elementos “de antes” sin cuestionar los cauces estructurales que actualmente perpetúan su subordinación.


Tema es de otro café preguntarse por qué la India María fue un personaje axial en la cultura mexicana, entendiéndose como el otro diferente y risible, que encuentra su contraste en las estructuras de marginación, desigualdad y pobreza con las comunidades y pueblos indígenas del entonces y del ahora. Pero si no se encuentra ese personaje representado de manera cómica en la televisión o el cine, es irreconocible como actor/a de luchas políticas y reivindicaciones sociales. Vale la pena indagar(nos) en la tela de factores que socialmente nos configuran y por qué la historia se cuenta de maneras particulares a los intereses de un qué y quién.



REFERENCIAS


  1. Sandra Xinico Batz. [XinicoSandra]. (1 de mayo, 2020). La folklorización cosifica porque es su manera de deformar a las culturas mientras busca deshacerlas o asimilarlas en el nacionalismo chapín. Pensar en folklore no nos permite conocer nuestro pasado y asumirlo como fue, porque al hacerlo anónimo, al considerarlo [Tuit]. Recuperado de https://twitter.com/xinicosandra/status/1256418474701795328?lang=es

  2. León Portilla, M. (1959). Visión de los vencidos (1ra ed.). Editorial Universidad Nacional Autónoma de México.

  3. Instituto Nacional de Antropología e Historia. (2009). La visión de los vencidos. https://www.inah.gob.mx/en/boletines/3728-la-vision-de-los-vencidos

  4. Cejas, M. (2016). Mujeres frente a las paradojas de la ciudadanía (1ra ed.). Editorial Terracota.

  5. Benitez, 1968, como se citó en Gutiérrez Chong, 2012, p.17.

  6. Gutiérrez Chong, N. (2012). Mitos nacionalistas e identidades étnicas: los intelectuales indígenas y el Estado mexicano (1ra ed.). Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

  7. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. (2019). Editorial SISTA.

  8. Galeano, E. “Confundimos la grandeza con lo grandote”. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/lacontra/20120525/54299733087/eduardo-galeano-confundimos-la-grandeza-con-lo-grandote.html

  9. Moore Torres, C. (2018). Feminismos del Sur, abriendo horizontes de descolonización. Los feminismos indígenas y los feminismos comunitarios. Estudios Políticos., 53, 237-259.

  10. Quiroga, R. (23 de octubre de 2019). Mujeres cineastas indígenas dialogan por la equidad. El Economista. https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/Mujeres-cineastas-indigenas-dialogan-por-la-equidad-20191023-0127.html

  11. Van Dijk, T. A. (2006). Discurso de las élites y racismo institucional. En M. Lario Bastida (Coord.), Medios de comunicación e inmigración (pp. 15-34). Obras Sociales CAM.

  12. González Casanova, P. (2006). El colonialismo interno. En CLACSO (Ed.), Sociología de la explotación (pp. 185-205). Red de Bibliotecas Virtuales de CLACSO. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20130909101259/colonia.pdf

  13. Mohanty, C. (1987). Under Western Eyes: Feminist Scholarship and Colonial Discourses. Feminist Review., (30), 61-88.

  14. Xinico Batz, S. (27 de mayo de 2017). Folklorización (Parte 1). La Hora. https://lahora.gt/folklorizacion-parte-i/

  15. López Estrada, L., Álvarez Torres, J. (2015). Territorio, mujeres, estesis, crianza y extractivismo cultural. Educación y Ciudad., (30), 15-28.

  16. Pineda Ruiz, O., Domínguez Ponce, C.A., Fernández Álvarez, M., García Leyva, J., Mora Guitérrez, J.P. y Martínez Sánchez, J.J. (2017). Del extractivismo cultural y lingüístico a la revitalización de las lenguas [ponencia]. Congreso El Extractivismo en América Latina: Dimensiones Económicas, Sociales, Políticas y Culturales, Sevilla, Universidad de Sevilla.

  17. Gramsci, A. (1949). Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno. Nueva visión.

  18. Hale, C. R. (2004). Rethinking Indigenous Politics in the Era of the “Indio Permitido”. Nacla Report on the Americas, 38(2), 16-21.

  19. Kymlicka, W. (1995). Ciudadanía multicultural. Una teoría liberal de los derechos de las minorías. PAIDÓS.