Chairos vs. Fifís: La discriminación en el debate público

Por: Miguel Lapuente


Un spot de un partido político, transmitido en radio y televisión, asegura que: “Nos han hecho creer que aquí sólo hay chairos o fifís, pero en México vamos más allá, porque todos los días hay gente poniendo manos a la obra, ganando batallas, siendo la solución y no el problema, saliendo adelante, levantando la voz, rescatando nuestra humanidad, conservando nuestras voces”. Y termina con el eslogan: “Ni chairos ni fifís: somos mexicanos. El color de México es la suma de nuestra luchas”.


No se requiere una pesada reflexión para entender que es una crítica a lo que en la actual conversación pública se denomina polarización social, la cual se considera que es impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador. El argumento radica en el uso que le ha dado el Mandatario a la palabra “fifí” para descalificar a un sector de la prensa y a grupos empresariales, y la idea de que también ha sembrado la palabra “chairo” dentro del debate público. Pero, ¿qué hay detrás de esta concepción? ¿Se puede afirmar que es un tema nuevo, que nunca habíamos sido una sociedad polarizada? ¿El miedo a la polarización se puede traducir a un miedo a la politización?


EL ORIGEN DEL CHAIRO Y DEL FIFÍ


El uso de la palabra chairo empezó hace –por lo menos, ya que no hay una fecha exacta– cuatro décadas. Tenía una connotación sexual, del acto de la masturbación. Chaqueto: chairo. Tiempo después surgió la expresión “chaquetas mentales”, que se refiere al acto de creer sobre un asunto –casi siempre político– sin ningún sustento o por un argumento que se considera falso. (1) El término tiene en su origen una supuesta autoridad moral que descalifica a otros por pensar diferente, sin ningún tipo de argumentación que los refute.

El Colegio de México (Colmex) incluyó en 2017, en su Diccionario del Español de México (DEM), la palabra chairo, y la definió como un adjetivo ofensivo que quiere decir:


“Persona que defiende causas sociales y políticas en contra de las ideologías de la derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender; persona que se autosatisface con sus actitudes”.


El escritor Fabrizio Mejía Madrid asocia el término con el clasismo del país y la aspiración de la clase media y baja de pertenecer o sentirse parte de la clase alta: “El discurso por la igualdad es amenazante para quien cree que la vida lo recompensará algún día por su obediencia al poder. Los desesperados son ‘los de abajo’ que necesitan protestar o disentir. Son los ‘chairos’. Y, estos, además son ‘pandrosos’ –no siguen la moda–, ‘indígenas’ –los rasgos que demuestran la pobreza y el ‘mal español’– y últimamente ‘chairos’ –la restauración del ‘naco’, ahora asimilada a quien protesta. En la medida en que desprecio la realidad de mi propia pobreza, desdeño a los que protestan contra ella. Protestar, indignarse por la injusticia sería aceptar que la padezco. El chairo siempre es el otro”. (2)


La palabra fifí no falta de carga histórica. Sandra Barba y Eduardo Huchín Sosa realizaron una investigación adentrándose en algunas publicaciones del siglo XX para identificar el origen de la palabra y su significado. Su hallazgo llama la atención porque brinda otra perspectiva de su uso. Además de estar relacionada con una situación de privilegio de clase, la palabra hacía referencia a los rasgos afeminados que contrastaban con el comportamiento heterosexual. Por lo tanto los autores concluyen que la palabra tiene una intención discriminatoria.


¿REFLEJO DE UNA POLARIZACIÓN SOCIAL?


A raíz de las pasadas elecciones pudimos observar que la palabra chairo se relacionó con las personas que simpatizaban con el proyecto de López Obrador o, en algunos casos, porque pensaban votar por él. Se convirtió en una categoría. “¿Eres chairo?”, preguntaba la gente cuando se sorprendía al saber que alguien pensaba emitir su voto a favor del candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Fue y sigue siendo una forma de homogeneizar a un segmento de la sociedad de una forma despectiva y absurda, porque, ¿quién puede afirmar que 30 millones de personas contienen las mismas características ideológicas?


La asociación de la palabra con los simpatizantes –o votantes– de López Obrador se vio claramente definida en el debate en redes sociales. Incluso el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa hizo uso de ella, asociándola directamente con el actual Presidente a través de la forma coloquial con la que también se le conoce: “Ya serénense #pejechairos, están leyendo muchas encuestas. Están nerviosos y agresivos, más que de costumbre”, escribió en su cuenta de Twitter, en referencia a una encuesta de 2017 realizada por El Financiero que posicionaba a Margarita Zavala como la favorita para ganar la elección presidencial de 2018.


El término chairo no ha sido apropiado por los simpatizantes o votantes de López Obrador como una adjudicación de clase, en contraste con la palabra fifí.

Cuando el Presidente aludió por primera vez a este término para descalificar a un sector crítico de la prensa, ciudadanos y periodistas –que también son ciudadanos, pero con un impacto social distinto– se adjudicaron el término con playeras que tenían la leyenda escrita en inglés: “Call me fifí”.


Aunque esto tenía un tono de burla, no podemos dejar a un lado que sirvió como bandera para catalogarse como la oposición descrita –en inglés, por supuesto.

En octubre de 2018, la ex senadora panista Mariana Gómez del Campo compartió en su cuenta de Twitter una imagen realizada por el monero conocido como Osvaldo Monos –quien publica en los medios de la Organización Editorial Mexicana (OEM)– en la cual se puede leer la frase: “En México hay fifí de raza”, acompañado de la imagen de un french poodle, ”y fifí de ocasión”, a un lado de la imagen de un perro con la apariencia de un xoloitzcuintle desaliñado, pero con una vestimenta que pretende hacerlo pasar por una clase y raza a las que no pertenece.


El término chairo no ha sido apropiado por los simpatizantes o votantes de López Obrador como una adjudicación de clase, en contraste con la palabra fifí.


En la marcha de protesta contra el Presidente el pasado 5 de mayo de 2018 en la Ciudad de México, una de las consignas que se pudo leer decía –la puntuación la agrego yo: “Soy fifí. Por lo que sé, porque estudié, porque trabajé. Y no porque robé”.


Si bien las manifestaciones en contra de López Obrador son atractivas para un estudio sociológico más profundo, podemos apreciar que han tenido rasgos clasistas y discriminatorias. El columnista de El Universal y profesor-investigador del Instituto Mora, Hernán Gómez Bruera, se dio a la tarea de hacer entrevistas durante la marcha, y en una de ellas un hombre que se identificó a sí mismo como empresario le afirmó que los votantes de AMLO tienen el cerebro más chiquito porque no lo ejercitan.


Otra consigna presente decía –de nuevo, la puntuación la pongo yo: “Fifís, sí. Idiotas, no. Así no, AMLO”. Y ese día en el Ángel de la Independencia también se pudo leer una pancarta que decía: “Ni fifís, ni camajanes, ni amlovers, ni chairos. Basta de polarización”. Si el Presidente nunca ha utilizado la palabra chairos para referirse a los que lo apoyan, ni la palabra “amlovers”, y que el uso de fifí no fue una generalización sino una descalificación –lo cual no lo exenta de crítica– a un sector de la prensa y del empresariado que está en contra de sus políticas, entonces la afirmación de que la polarización con base en estas palabras viene de la figura presidencial, carece de sustento.


¿CLASISMO A LA INVERSA?


Dentro del debate entre las diferentes posturas políticas resalta la consideración de que se ejerce un clasismo y racismo en contra de la clase media o alta, a raíz de temas que se han abordado en la conversación pública. El mismo Hernán Gómez condujo un programa junto con el comediante Carlos Ballarta en el Canal 11 durante ocho capítulos. El tema de uno de ellos fue el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y su filosofía académica.


Para los conductores era importante discutir el rol de esta institución en la formación de grupos tecnocráticos que han formado parte de distintos gobiernos. Su emisión desató la indignación de periodistas y políticos, y en su crítica al programa hicieron énfasis en lo mal que habían hecho al llamar “blancos” a los estudiantes de dicha universidad. Después de la crítica, Ballarta subió un video a su cuenta de Twitter en donde anunciaba su salida del programa. El comediante fue enfático en asegurar que no se trataba de un despido. Sin embargo, después dijo en un podcast donde participa que una de sus participaciones había sido censurada y que una de las últimas escenas había sido un montaje.


A pesar de la forma en la que terminó el programa, es interesante la reacción que surgió a raíz del tema tratado: la indignación por llamar “blancos” a unas personas con la justificación de que existe el racismo o el clasismo a la inversa. Siendo un tema etiquetado históricamente como tabú en México -y que incluso el catalogar el racismo como clasismo ha sido una forma de relativizarlo- , es importante señalar que cuando hablamos de esto, hablamos de un problema estructural que se ve reflejado en la nula movilidad social ligada a la pigmentocracia.


¿MIEDO A LA POLITIZACIÓN Y DEMOCRACIA?


El filósofo argentino, Santiago Gerchunoff, denomina como “provincianismo histórico” (5) a la tendencia por usar frases que inicien con: “en estos tiempos en los que...”, con la finalidad de desestimar fenómenos actuales, cuestiona la melancolía por una democracia perfecta –la cual nunca ha existido, porque probablemente es imposible de alcanzar por sus mismas características– y acusa a los melancólicos de querer implementar una “dictadura del bien”, ya que no tienen malas intenciones, pero tampoco quieren que las cosas se hagan de otra manera que no sea la de su propia visión.


Es difícil no percibir en esta idea de polarización social a través de dos adjetivos una postura antidemocrática, que descalifica despectivamente a las personas que, probablemente, nunca habían mostrado una postura política, y a las que decidieron votar por una opción diferente. Al final de cuentas la polarización –que puede ser otra forma de llamar a la desigualdad– siempre ha estado ahí. Temerla por dos adjetivos desiguales no deja de ser una forma de huir de los problemas que se tienen que debatir, si es que realmente se aspira a tener un estado más democrático.


Referencias

Crail, A. (2017). Este es el verdadero significado de la palabra ‘Chairo’. Recuperado de https://lifeandstyle.mx/entretenimiento/2017/07/11/este-es-el-verdadero-significado-de-la-palabra-chairo

Mejía, F. (2018). Manual para votantes: primerizos o expertos (Hastiados o esperanzados). México: Oceano.

Barba, S. & Huchín, E. (2019). El retorno del fifí. Recuperado de https://www.letraslibres.com/mexico/revista/el-retorno-del-fifi

Vázquez, V. (2019). “Fifí” y la discriminación imaginaria. Recuperado de https://medium.com/@violetavzquezrojas/fif%C3%AD-y-la-discriminaci%C3%B3n-imaginaria-3597f5287288

Gerchunoff, S. (2019). Ironía On: Una defensa de la conversación pública de masas. Málaga, España: Anagrama.