25 años avanzando por el camino de la inclusión

Por Paola Dantés Rodríguez

Directora de PISYE

Master en Integración de Personas con Discapacidad


Por Adriana Cecilia Calvillo Ávila

Coordinación de Comunicación y Promoción de PISYE

Licenciatura en Comunicación y Medios Digitales



La discapacidad intelectual se caracteriza por limitaciones significativas tanto en el funcionamiento intelectual como en la conducta adaptativa tal y como se ha manifestado en habilidades conceptuales, sociales y prácticas. Esta discapacidad se origina antes de los 18 años (1).


Si miramos en retrospectiva a los procesos educativos dirigidos a las personas con discapacidad, veremos que hace 25 años eran prácticamente nulos. En una búsqueda por la igualdad de oportunidades y respeto a los derechos humanos, nació en 1995 el Programa de Inclusión Social y Educativa (PISYE), fundada por la Universidad de Monterrey, a partir de una propuesta de un grupo de padres y madres que tenían en común: un hijo con discapacidad intelectual.


“En la UDEM encontré mi lugar [...]” Josué Santoyo, alumno de PISYE

En la actualidad el 4.6 por ciento de las personas en Nuevo León presenta una discapacidad, mientras que a nivel nacional es de 6.3(2). Podría parecer que son porcentajes mínimos, pero si cambiamos la perspectiva y nos preguntamos cuántos de ellos hoy en día tienen acceso a la educación, hablamos de que sólo el 50.8 de esta población en el Estado, entre los tres y 29 años asiste a la escuela.


La Universidad inició un camino de integración e inclusión, al implementar el Programa y dar inicio con una generación de 14 alumnos. El principal objetivo era incluirlos en un ambiente con jóvenes de profesional, para que, a través de la formación de los universitarios, su proceso curricular y otras actividades, se les ayudará en su desempeño personal, su interacción en la vida social que favorece el desarrollo de habilidades que les permitieran ser autosuficientes y lograr una vinculación laboral (3).



SER PARTE DE PISYE


Animada por su filosofía educativa de servicio, la Universidad implementó PISYE, un proyecto de Educación Continua, el cual tenía una duración de dos años y brindaba a los estudiantes la posibilidad de mejorar sus habilidades académicas, sociales y profesionales (3).


En 1999 el Programa de los alumnos pasó de dos a cuatro años, dividido en ocho semestres. En ese momento el diseño curricular estaba basado en cuatro vertientes: el área académica-cognitiva; inclusión laboral; formación e integración social; actividades creativas, artísticas y deportivas.


A través de un largo proceso de inclusión, hemos logrado identificar diferentes líneas de acción que nos han permitido ir perfilando cada vez con más precisión el impacto que ejercemos sobre la sociedad. Una prueba de ello es nuestro perfil de ingreso, el cual se ha fortalecido al tener mayor claridad en los aportes del programa y las características necesarias que el alumno candidato requiere para ingresar, como habilidades académicas, sociales y de autonomía. Ya que estas nos orientarán a incorporar al alumno a lo largo de su estancia en el programa, en un ambiente universitario que fortalezca su calidad de vida y participación en la sociedad.



“Tener una clase fue una gran experiencia que me permitió seguir promoviendo la inclusión en otros escenarios. Para que otros pudieran ver que al final todos somos personas y que tenemos grandes talentos” Mariana de León, maestra de inclusión educativa.

Las destrezas que nuestros alumnos desarrollan al terminar el programa son conocimientos sobre sí mismos, de la sociedad y la realidad que los envuelve; sus nuevas actitudes y valores les permitirán tener una mayor capacidad de decisión llevándolos al crecimiento de su autoestima y dándoles mayor seguridad en sí mismos, así como poseer habilidades para expresarse e incorporarse a una vida productiva.


Por otro lado, con el propósito de alinearnos a la normativa establecida en el contexto internacional(4), trabajamos en la relación entre educación incluyente, sociedad y democracia para contribuir a crear sociedades más inclusivas y equitativas. En el 2017 cambiamos el nombre Programa de Integración Social y Educativa por Programa de Inclusión Social y Educativa, resaltando el nuevo enfoque en la inclusión.


En este paso se sumaron esfuerzos de las diferentes áreas y participamos en las actividades dentro del ambiente estudiantil y rompimos paradigmas y estereotipos sociales, involucrando experiencias universitarias en el proceso formativo de los estudiantes.


Uno de estos esfuerzos es la inclusión educativa, en donde los alumnos de PISYE viven la experiencia de involucrarse en alguna materia de profesional. También están las prácticas laborales, en las cuales los alumnos desarrollan habilidades propias de un trabajo que les faciliten un futuro laboral, así como las actividades extracurriculares: Misiones, RISE, sociedad de alumnos, equipos representativos de futbol y danza, y los eventos institucionales. En todos estos procesos la participación de los colaboradores, alumnos y profesores UDEM es imprescindible para llevarse a cabo.


El 50 % de los 208 alumnos egresados estuvieron involucrados en procesos de vinculación: Taller con Apoyo, Empleo de Libre Competencia y Autoempleo, con el fin de fortalecer el desarrollo de habilidades socio-laborales en el estudiante, favorecer su desempeño en un contexto profesional de acuerdo a su perfil e intereses y a las exigencias actuales de los empleadores.



¿HACIA DÓNDE VAMOS?


Estamos comprometidos con la mejora constante de los programas académicos, sociales, formativos y laborales que impliquen retos en la formación de los alumnos del programa. Con la firme convicción de que más allá de nuestras propias ideas, no podemos perder la capacidad de apreciar los talentos y virtudes que nuestros alumnos tienen.


“Le ha dado la oportunidad a mi hija de crecer, pertenecer, y seguir aprendiendo. La UDEM es una comunidad llena de oportunidades, en donde hay espacio para todos” Irina Abreu, mamá de alumna de PISYE.

Seguiremos propiciando ser un espacio de empatía, respeto y aceptación, promoviendo los derechos de las personas con discapacidad intelectual, apoyados por personal administrativo, comprometido con desarrollar habilidades laborales en los alumnos, maestros permitiendo que sus clases se conviertan en espacios de inclusión y un equipo de trabajo en una búsqueda constante de mejores aportes al desarrollo de los alumnos para enriquecer su proyecto de vida.


Como sociedad en constante avance y transformación, sabemos que aún nos faltan muchos pasos por dar, pero estamos convencidos de que estos próximos años se convertirán en un tiempo de crecimiento en el que todos seremos promotores de la inclusión.